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El niño de La Historia Interminable

20 noviembre 2009

* Nota para torpes y neonatos: los fragmentos de texto en color azul corresponden a links externos referentes a los temas tratados en el artículo. Si no se quiere clickear, poniendo el ratón encima se previsualiza en pequeñito la foto o artículo al que redireccionan. Algunos, créanme, merecen la pena…

Se parte uno el ojaldre cuando consulta la todopoderosa Wikipedia, supuesta cuna del saber y la cultura neosecular, y se encuentra con joyas literarias como ésta, referida al ex-niño actor que hoy nos atañe:

Barret Oliver –  actor estadounidense popular por su crítico papel en el filme de 1984 “La Historia Sin Fin”. Es considerado uno de los actores jovenes vetereanos (sic) en lo que va del cine hollywoodense.

y se queda tan ancho el redactor, traductor autómata de la versión yankee o sudaca medio-analfabeto metido a enciclopedista, ante la pasividad de los -en apariencia- implacables y temibles bibliotecarios wiki-cops.
Barret Oliver (como Macauley Culkin o Brad Renfro en los 90, Pablito Calvo, Pili y Mili o Marisol en la España cañí, y sus coetáneos ochenteros Corey Haim o el omnipresente Corey Feldman) fue una de tantas celebridades cinematográficas infantes cuyo rostro se grabó en nuestras retinas pero, tras crecer y madurar en los estragos de la adolescencia, sólo los recuperamos hoy día para mofarnos del resultado estético actual de sus dietas ricas en hormonas. O bien, para rellenar los apartados de sucesos referentes a juguetes rotos, esas ex-estrellas infantiles del pasado metidos a alcohólicos antónimos, suicidas automovilísticos y bricomaníacos de la sobredosis. Lo sufrimos, tristemente, con el recuerdo de los entrañables River Phoenix, nuestro patrio pívot Joselítez, el niño de Su Juguete Preferido (transmutado al cine blandiporno, como el sonado caso de la hija de los Winslow en Cosas de Casa, algo más hard en sus performances), o incluso la cándida Drew Barrymore con su coletitas en E.T., recuperada hoy para la causa.
Sin embargo, como no son todo cenagales en los inescrutables caminos del Señor, conviene aparcar en batería el todoterreno de los tópicos malignos, y aclarar que la celebridad durante la minoría de edad no supone, de por sí, un pasaporte hacia el Infierno. No por recabar menor repercusión sensacionalista, han dejado de ser inmensa mayoría los ejemplos de los ‘niños mediáticos’ del ayer que, en la actualidad, sobrellevan una vida saludable, aun con vello púbico en sus entrepiernas y calvas incipientes en sus sienes. Y ahí tienen el gratificante perímetro mamario adulto de Sara la de Compañeros (y niña-anuncio de muñecas por antonomasia de las navidades ochenteras), el brillante CV de Elijah Wood aun a pesar de sus ojos de batracio, o la reputación del gran Leo di Caprio, del que pocos ya recuerdan sus apariciones en Los Problemas Crecen, junto al predicador ex-guaperas de Kirk Cameron.

Existen, incluso, -algunos no me creerán si se lo digo- casos aislados de niños mediáticos del pasado que, superado todo síndrome de Peter Pank, no se aferraron al faranduleo como único destino de sus vidas, cayendo en que lo suyo fueron refulgentes papelitos que estarán muy bien para fardar ante sus nietos, pero que hay otros futuros posibles más dignos acordes con sus posibilidades. Dejando de lado patetismos patentes como las ‘versiones F5’ de Arnold o Webster, ahí tienen a Paul de Aquellos Maravillosos Años, brillante abogado con licenciatura de Yale, o nuestro añorado Piraña, Doctor Ingeniero en Telecomunicación, cum laude en su tésis incluída. O nuestro Bastian Baltasar Bux que llegado a este punto retomo, alias Barret Oliver, ese adorable mocoso que se pasaba la mañana de pellas bajo una manta de felpa en el cuarto de objetos perdidos del cole, leyendo un tochazo infumable de un tal Michael Ende. La maravillosa La Historia Interminable, una de mis pinículas favoritas per sempre, merced a esa inolvidable banda sonora a prueba de nostálgicos empedernidos, al protagonismo de otros niños-actores de los que jamás nada se supo (Atreyu aún guarda cierto parecido a pesar de su aspecto hombre-lija, la preciosa Emperatriz Infantil iraní ciñó su carrera profesional al baile), o sus irrepetibles escenas con monstruos come-piedras, caracoles de carreras (el jinete, por cierto, es el enano fetiche del amigo Tim Burton) y dragones volando sobre las calles de Brooklyn: FUYUR, el mastín planeador que siempre soñé cabalgar antes de arribar mi adolescencia, y redirigir mis oníricas poluciones hacia Pamela Anderson. 😳

El gran Barret Oliver, al contrario que otros colegas preadultos repelentes y hostiables como el niño medio retrasado de E.T. (uno de los peores doblajes que recuerdo), Bego de Compañeros o todo el elenco protagonista de la infumable “Pandilla de Pillos” de 1994, poseía un extraño don, poco común entre estos engendros prodigios que uno desearía estrangular entre sus psicóticas manos: encanto. Ni cursi ni repipiolo, ni el clásico resabiado de la EGB al estilo de los repugnantes listillos de Sabe usted más que un niño de primaria; el chaval de La Historia Interminable, Cocoon o el infante-robot de D.A.R.Y.L. de 1985, Barret Oliver, era un niño sin más, sin pretensiones, un enano de metro treinta ojito derecho de las abuelas, entrañable para el público en general. Correcto y formal, gracias las justas, el clásico primito al que sientas en ‘la mesa de los pequeños’ en los bautizos y no monta tangana, al contrario del resto de mostrencos menores que lloran, berrean y regurgitan y hacen batallas de pan, el hijo que todos desearían para sí.

…y tal como vino, desapareció. Sin rencores, espectáculos lacrimógenos ni aspavientos. Un día cualquiera, tras haber conocido las mieles del triunfo a una edad tan temprana, estirada su carrera desde sus escarceos en la serie de El Coche Fantástico, hasta trabajar con Tim Burton, tontear con la Cienciología y rodar la segunda parte de Cocoon, decidió apagar las luces del camerino y dedicarse a otra cosa, sin dar ningún tipo de explicaciones. Dijo en Hollywood que se bajaba un momento a por un paquete de Winston, y ya no volvió. Durante casi dos décadas nada se supo de él, no concedió entrevistas, no apareció en reallities ni en nauseabundos revivals presentados por Consuelo Berlanga, y lo cierto es que, la característica frialdad del consumidor de cine palomitero, no tardó en desplazarle al olvido y encontrar sustituto en el Pinocho explotado de turno para bailar jotas sobre el tablao.

…hasta que sus acérrimos fans de la época se convirtieron en treintañeros, esta macromaraña de información patológica que es Internet fueron sus benditas Páginas Amarillas, y algún freak Mr. Holmes aburrido sin Watson al que sodomizar, dio con la clave correcta en el Google y acabó atando cabos hasta dar con su paradero actual, allá por 2007. Pues resultó que el amigo Barrete vivía tan pancho y feliz como fotógrafo profesional en Los Ángeles, con un reconocido pero anónimo prestigio por su saber en las artes técnicas del Siglo XIX, profesor universitario, con diversas exposiciones en su curriculum. Mas no terminó aquí la sorpresa, nimia y meramente anecdótica si no fuera por la guinda morbosa del pastel dulce de la curiosidad del buen nerd: su foto actual.
Quisiera ser el primero en pasarme por el forramen el expreso deseo del susodicho de no exhibirle cual mono de feria y respetar su derecho a la intimidad (hace unos meses, cuando conseguí sus fotografías, me infiltré como el geeky de pro en cierto grupo msn de fans yankees donde resguardaban el documento gráfico como oro en paño), ingenuo de mi, mas obvia decir que Internet es, a estas alturas, un nido de alimañas donde conviven carroñeros aún más despreciables que yo. Pero en fin, si se quieren evitar el tecleado en cualquier buscador sencillote, yo les ahorro el trabajo. Ahí va:

😯 A mi no me pidan explicaciones, que no pienso devolverles los cuartos. Efectivamente, esa especie de judío ortodoxo rodeado de puretas de cata mayor, no es otro que aquel mismo guajillo que gritaba a la oscura tormenta aquel mítico e inolvidable “¡¡Hijo de la Luuunaaaa!!“, con las ventanas abiertas de par en par. Ciertamente, todo intento absurdo de asociar esas barbas de Níquel Nanas, esas rastas piojosas, ese look perroflautista degenerado con los acordes nostálgicos de Neverending story, es totalmente en vano. Y sin embargo, ahí tienen ustedes a un tipo feliz. Ya es algo de lo que muchos no pueden presumir.

Reciban un cordial saludo, y tengan muy buenas noches.

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9 comentarios

  1. me ha dejado traumado,semejante documento grafico…que te hace pensar que es feliz?
    nadie con ese aspecto puede ser feliz,oye por que no hace un articulo sobre Miami Vice?
    pero desde el cariño,sin revisionismos historicos hoiga!


  2. A veces es mejor no rebuscar, ni abrir la caja de Pandora. Ya sabemos qué viento se quedó atrapado 😆
    Luego llegas tú, y te pones a quitarle capas a la cebolla.
    Parece feliz en su anonimato, sí.
    Y sí, yo también quería a Fuyur 😳

    Lucky


  3. Es usted grande Maik.


  4. El personaje de verano azul que te falta en cuanto a su oficio actual, no recuerdo el nombre de entonces podria ser roberto?, bueno el caso es qeu lo qeu si recuerdo es su ocupación actual, fotografo, por comentarlo, boas noites como dice ud.


  5. Quique. Gerardo Garrido, nombre real. No me pregunte cómo es posible, pero no he necesitado consultar en el Google, lamentablemente es un dato que me sé de memoria. Aunque me avergüence reconocerlo. 😦

    Efectivamente, por ahí leí en un reportaje que el eterno secundario de la televisión se dedicaba a la fotografía; aunque se trata de un personaje tan soso, tan sinsangre, tan prescindible, que en el fondo como si se dedica a pajearse 8 horas diarias con prorrateo de pagas extra. A nadie le importa. Disculpe mi agresividad puntual, Quique es un personaje que me saca de mis casillas, si algún día tiene ocasión de revisionar la serie me entenderá. Es el que no sabe bucear, el que se autodescarta para acciones heroicas de cualquier índole, el que pasa mil pueblos de Bea mientras los dos gallos del corral pelean a muerte por lamerle el parrús menstruante, en fin, todo un pelanas digno de la más despreciable indolencia.

    Un saludo, y muy buenas noches.


  6. El cambio que ha dado este señorito me ha dejado 0_0

    Aunque me gustaba mas Atreyu…


  7. he llegado atraves de google buscando “greengold” aluciflipo pepinillos.


  8. que tendra q ver el aspecto para ser feliz??


  9. te as lucido bonico¡¡ que arte tienes en describir a la gente. a ti te querría ver yo. Como diría el gran J.M eres muuuuuuuuuuuuu tonto.



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